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“Para mí el mejor chileno es Alexis, pero Claudio Bravo marcó la tendencia de jugar con los pies”

José Daniel Ponce, el Bocha, pasó por Coquimbo, Everton y Huachipato, después de tener una exitosa ruta que en Argentina tuvo su mayor luminosidad y que lo llevó a jugar por la Selección albiceleste. Dotado de una talentosa zurda, llegó a Chile a cerrar una trayectoria que, igualmente, dejó más de un capítulo que en el norte los hinchas del club pirata no olvidan.

José Daniel Ponce Una temporada y media estuvo en Coquimbo Unido. Lo suficiente para que dejara una huella en la memoria de la hinchada pirata.
  • “(En la Selección) Ya hay jugadores que tocaron su techo y no pueden estar toda la vida con el nombre y tapar el lugar. Hay muchos jóvenes que tenían que haber jugado toda las Eliminatorias".

“Yo pateaba los tiros libres en la Selección, con perfil para zurdo, y ‘Burru’ (Jorge Burruchaga) los de derecha (comienza a sonreír). Llega el primer partido de las Eliminatorias a México, nos toca con Venezuela de visitante. Foul y tiro libre para Argentina, apenas afuera del área. Voy agarro la pelota y cuando llego al lugar, me estaban esperando Diego (Maradona) y (Daniel) Passarella, que se peleaban por patear. Dejé la pelota en el medio y me fui. Gol de Diego. Segundo tiro libre, desde más lejos, pasa lo mismo, agarro y la dejo en el medio. Se estaban peleando otra vez, porque Diego decía que ya había hecho uno y Passarella le respondía que era de más lejos. Al final, patea Passarella y pepa. Paso por el lado y le digo a ‘Burru’: ‘Nosotros ahora vamos a patear los córners, nada más’”. José Daniel Ponce (62 años) larga la carcajada y cuenta la historia como si la estuviera viviendo ahora cuando en mayo se cumplen 40 años de ese partido.

El mundo del fútbol lo conoce como el “Bocha” Ponce, un apodo que viene desde su Mendoza natal. “Si alguien me dice José, es porque me conoce de la infancia, sino soy el ‘Bocha’, que me lo pusieron los ‘sinvergüenzas’ de la Villa Marini, donde yo nací. Jugábamos siempre a la pelota y un día me cortaron el pelo bien cortito. Mi mamá ya no aguantaba más que tuviera el pelo largo y como para no pagar tanto en otro corte, le dijo al peluquero que me cortara bien cortito para que no venir tan seguido. Y uno del barrio me dijo cabeza parecía una bocha y, a pesar de que me enojé, quedó el apodo”.

-Y hoy el Bocha Ponce, ¿qué hace?, ¿dónde vive?

Ahora estoy en La Plata, pero me reparto entre Chile y Argentina. Entre La Plata y Hualpén. Voy y vengo, constantemente. En estos últimos dos años estuve viniendo mucho más acá porque mi mamá estaba enferma... y falleció el año pasado (se conmueve). Durante 40 años esta casa albergó a mi mamá, mi papá, mis hermanos. Era el sueño mío de chico, ¿viste? Por eso me ayudó el Gato (Juan Carlos) Delménico. ¿Sabés lo que hacía? Me escondió durante un año la plata de los premios y me los dio a fin de temporada. Con eso, puse el pie para esta casa. Si no estaba él, me lo hubiera gastado. Después, con los campeonatos de Estudiantes y los premios de la Selección, la terminé de pagar y de arreglar. Mi tranquilidad es que mi mamá tuvo su casa, con eso yo salí campeón del mundo.

"Con Maradona y Passarella en el equipo, le dije a Burruchaga que solo tiraríamos los córners".
Bocha Ponce por la albiceleste"Con Maradona y Passarella en el equipo, le dije a Burruchaga que solo tiraríamos los córners".

La llegada a Chile

Ponce nació el 25 de junio de 1962, ocho días después de que en Chile se había jugado la final del Mundial en el Estadio Nacional.

En su carrera tuvo tres etapas en Estudiantes; jugó, además, en Atlético Tucumán, Junior de Barranquilla, Unión Magdalena, Boca Juniors, Nimes de Francia, San Lorenzo de Almagro, Gimnasia y Tiro, Douglas Haig de Pergamino hasta que en 1995 llegó a Chile, donde defendió tres camisetas: Coquimbo Unido, Everton y Huachipato.

“Estaba en Mendoza y me fue a buscar el Negro (José) Sulantay. Un fenómeno de tipo, un gran técnico y gran formador en Chile. Anduvo muy bien con la Selección que le dio diez años de éxitos a los chilenos. El Negro me lleva a Coquimbo y me dice que era un lindo club, que yo iba a andar bien, que esto y lo otro. Y así fue, yo iba medio lesionado de una rodilla, pero me recuperé en un gimnasio y anduve muy bien. Ese año terminamos séptimos, y casi entramos en la liguilla para la Libertadores (quedaron a dos puntos). Le hubiéramos dado un dolor de cabeza a varios. Me quedé un año y medio ahí y después pasé medio año por Viña y después terminé otro medio año en Huachipato, pero allí yo veía que ya perdía el balón con mucha facilidad, los pibes me robaban la pelota muy fácil. Había perdido reflejos y dije: “No, termino acá”. Y terminé. Me retiré, porque además me desgarraba seguido. Ojo, Huachipato tenía muy buenos jugadores, era un muy buen club. Era bueno que jugaran los pibes y así me retiré en silencio.

José Daniel Ponce no ha perdido su vínculo con el equipo pirata, del que en Chile se declara hincha. "Es el mejor de la región", dice.
Con Coquimbo en el corazónJosé Daniel Ponce no ha perdido su vínculo con el equipo pirata, del que en Chile se declara hincha. "Es el mejor de la región", dice.

-¿Quién dirigía a Huachipato?

Andrija Percic, un croata. Terrible mentiroso (se ríe).

-¿Por qué?

Siempre decía que nosotros éramos un equipo de mitad de tabla. Pero era siempre y eso me calentaba. Un día, habíamos jugado tres partidos y teníamos dos empates y una derrota. Entonces, él puso en la pizarra que habíamos sumado el 50% de los puntos. Yo miraba y no me cerraba la cuenta, porque dos puntos en tres partidos no era el 50%. No podía decir que estábamos para mitad de tabla. El sueño de todo jugador, por más que sea el peor equipo, es ser campeón. Esa es la motivación: salir campeón, no estar en la mitad de la tabla.

-¿Y en Everton?

El Pollo (Leonardo) Véliz. Un día quiso meter cuatro cambios (sonríe de nuevo). Tenía buenos pibes en ese plantel. Yo quise llevar un poco la bandera de Estudiantes, que es un club formador. Tratar de ayudar a los más jóvenes. Cuando ganábamos premios, yo le sacaba plata a los compañeros para compartir con el utilero, el masajista y los que estaban cerca. El grupo se va haciendo así, entre todos. En Everton le regalaba ropa a los más chicos. Cuento estas cosas porque a mí me enseñaron de una manera y traté de replicar eso. Porque yo me he equivocado muchísimo, a mí me pasó y no es deshonra ir a trabajar, pero yo podría no estar trabajando si hubiera hecho mucho mejor las cosas.

-Recién hablaba de Sulantay, ¿cuál es el mejor técnico que tuvo?

Con Sulantay estuve poco tiempo, pero primero (Carlos) Bilardo. Toda la vida. Por lo que me enseñó, por la convicción que tenía. Porque es ganador y súper práctico. Otro muy bueno fue el Cai (Carlos) Aimar en Boca. Excelente persona también. Y cuando tenés una persona buena como técnico, vos te matás por el que está en el banco. Porque quieren lo mejor para vos, te hablan con respeto, con cariño, son sinceros y, al final, te transmiten paz.

El mediocampista tuvo exitosos años en el equipo de La Plata, donde es considerado un ídolo.
José Daniel PonceEl mediocampista tuvo exitosos años en el equipo de La Plata, donde es considerado un ídolo.

-De todas las historias que debió tener con Bilardo, ¿cuál es la recuerda especialmente?

Es una historia inolvidable. Íbamos en el avión a Lima, para un partido con Estudiantes. Estábamos en Ezeiza y pasa una vedette de teatro de revistas. Con la suerte que tengo, me toca al lado de ella en el avión. Nos pusimos a conversar todo el viaje, que son más de tres horas. Pasaba el Tata Brown y me llamaba. Yo le decía que no, porque si me paraba se iba a sentar él u otro. Pasaba otro y lo mismo. Llegamos al hotel en Lima y Bilardo nos cita a un reunión urgente en el restaurante. Entro y lo tenía tomado del cuello al profe (Ricardo) Echeverría: ‘Dame el pasaporte de Ponce. Se va. Ponce se va. Dame el pasaporte’. Y el profe no soltaba el pasaporte y Bilardo no lo soltaba al profe: ‘Damelo, hijo de puta’, le decía. Yo no entendía nada. Entonces me encara Bilardo y me dice: ‘Si vos viajás por las tuyas, pedile el teléfono a esa mujer y listo, pero acá venís con Estudiantes. Representás al país. Sos un embajador. No podés hacer eso’. Y yo no tenía nada que ver. Entonces, sale el profe y me defiende: ‘Yo lo vi y el Bocha no hizo nada. Así que no te voy a dar el pasaporte. Al final, todo quedó aclarado. Pero se había enojado Carlos y me quería mandar de vuelta a Argentina. (Cierra la historia y larga una extensa risa, en el living de su casa en La Plata).

Estudiantes, el rival de la “U”

Estudiantes, cuatro veces campeón de la Copa Libertadores y una vez del mundo, será uno de los tres rivales de Universidad de Chile en el torneo continental. El equipo de La Plata es el equipo que más respeta la tradición en Argentina y guarda la idolatría de los que marcaron las distintas épocas del club, desde la imagen de Carlos Salvador Bilardo, en el nuevo estadio, hasta los últimos que lograron el trofeo en 2009, de la mano de Alejandro Sabella.

-Ahora que está en La Plata, imagino que irá a ver Estudiantes y Universidad de Chile.

Sí, claro. Yo me siento en el palco con Verón, el papá de Juan Sebastián. Nos juntamos con (Claudio) Gugnali, (Rubén) Agüero, (Abel) Herrera, el Bambi (Gabriel) Flores. El equipo anda bien.

"Carlos es el mejor DT que tuve. Por lo que me enseñó, por la convicción que tenía. Porque es ganador y súper práctico", afirma el Bocha.
Ex jugadores de Estudiantes con Bilardo"Carlos es el mejor DT que tuve. Por lo que me enseñó, por la convicción que tenía. Porque es ganador y súper práctico", afirma el Bocha.

-¿Con qué equipo se va a encontrar la “U”?

Al equipo lo veo bien. Me encanta. Y hay buenos jugadores. A mí me gusta el momento de (Santiago) Ascacíbar, el volante de contención. El otro que me encanta es (Guido) Carrillo, el centrodelantero, mete unos cabezazos que rompe todo. También, el pibe (Joaquín Tobio) Burgos, mete unos tiros que me hace acordar a mí cuando me quedaba a patear. Espero que haga una buena copa.

Alexis y Bravo, los mejores

El Bocha debutó en la Selección de Argentina dos días antes de cumplir 21 años y fue el primer partido de Carlos Bilardo como DT de la albiceleste. Fue el 23 de junio, en la cancha de Vélez Sarsfield, y con la victoria 1-0 ante Chile, con gol de Carlos Morete. Una Roja que era dirigida por Luis Ibarra, donde jugaban Roberto Rojas, Jorge Aravena, Juan Carlos Letelier y Osvaldo Hurtado.

-De los jugadores chilenos que visto, ¿cuál fue el mejor?

Alexis Sánchez. Me encanta Alexis. Aunque (Claudio) Bravo marcó la tendencia de jugar con los pies. Fue un adelantado en ese tipo de cosas. Lástima que no se dedicó a patear tiros libres, como lo hizo (José Luis) Chilavert, pero para jugar con los pies era un defensor más.

-Pero hizo un gol de tiro libre.

Sí, lo vi, fue en España, en Real Sociedad. Era un crack con la pelota en los pies.

-¿Y Vidal?

Un jugador con muchas condiciones, pero desordenado. Pero en su desorden es vivo. Porque sabe detectar que si el 8 rival está jugando bien, va y lo choca. Se cruza la cancha, lo golpea, lo jode, le pega, lo enreda, le corta el circuito. Pero después no respeta su lugar y no lo saben interpretar, porque él debería jugar libre en cualquier lado y empezar a cubrir los puestos. Pero a veces ese desorden es bueno para el equipo. Tiene muy buena técnica, gran cabezazo, es guapo y le pega muy bien al balón.

-En esa Selección de Bilardo, usted jugó con Ricardo Gareca. Hoy está muy discutido en la Selección Chilena...

Primero que el Flaco es un amigo del fútbol, un gran tipo para mí. Y el otro día lo que dijo es verdad: ‘Cuando yo llegué no estaban primeros’. Y bueno, todo este tiempo alguien tuvo que hacer el recambio. Alguien tiene que promover jugadores. Ya hay jugadores que tocaron su techo y no pueden estar toda la vida con el nombre y tapar el lugar. Hay muchos jóvenes que tenían que haber jugado toda las Eliminatorias. No importa si quedabas afuera, no importa, pero para la otra vas a llegar ya con todo, con 10 o 15 partidos en el lomo. Creo que falta la convicción de hacer un proyecto serio, apostar más a la juventud. Hay muchos jugadores de 20 a 23 años que ya tenían que haber jugado en el fútbol chileno y a los 23 años en Chile les siguen diciendo ‘el pibe’. Acá en Argentina, a los 23 años ya vuelven de Europa porque se los llevan a los 18 años. Entonces, los jugadores, si a los 18 años no juegan en Primera División, que venga otro. Y animarse a jugar con gente joven porque te van a dar unos cachetazos el primer año, pero en la segunda o la tercera estás adentro. Pero tenés que fomentar que ese tipo de jugadores jueguen. Todos los países han subido y Chile baja. Durante diez años se mantuvieron bien, pero se quedaron enceguecidos con las luces de Vidal, de Sánchez, de Isla, de Aránguiz, de Bravo y taparon a un montón de jugadores. Ahí faltó la inteligencia.

"Si tengo que ir a trabajar, como lo hago hoy, lo hago con la misma dignidad y me preparo de la misma manera que cuando fui a jugar a la Selección".
José Daniel Ponce en la actualidad"Si tengo que ir a trabajar, como lo hago hoy, lo hago con la misma dignidad y me preparo de la misma manera que cuando fui a jugar a la Selección".

-¿Por qué se quedó a vivir en Chile?

Porque cuando termino de jugar ahí, yo era viudo. Entonces formo familia nuevamente, me vuelvo a casar y tengo dos hijas chilenas. Después de 11 años me separé, pero no quise abandonar a mis hijas. Y no lo voy a hacer nunca, quiero estar al lado de ellas. Yo sigo viviendo con la mayor y la menor está cerca mío también. Acá ahora está mi nieta. Por eso me reparto entre Argentina y Chile. Yo me podría haber dedicado a la dirección técnica, pero no quise dejar nunca a mis hijas y me sacrifiqué por ellas. No tengo problema de ir y pedir trabajo, porque todo trabajo es saludable. No se le cae nada a nadie. Lo mío siempre fue el fútbol. Fue un buen momento, un buen pasar, pero si tengo que ir a trabajar, como lo hago hoy, lo hago con la misma dignidad y me preparo de la misma manera que cuando fui a jugar a la Selección.

- ¿Y de qué trabaja?

-Yo tengo experiencia en minería. Ya trabajé ocho años o nueve años en minería. Ahora vengo de saliendo de tres años de minería, así que en cualquier momento vuelvo porque necesito trabajar.