Controvertido. Talentoso. Indisciplinado. Multifacético. Alcohólico. Idolatrado. Mujeriego.
Lo que se diga sobre Paul Gascoigne (57) es tan cierto como exagerado. Jugador imprescindible en los recuentos de la última década del siglo pasado, el volante que brillara en el Newcastle y Tottenham, no tanto en la Lazio ni en el Rangers escocés, y que marcara a fuego su paso por la Selección de Inglaterra, desde sus inicios empezó a hacer tanta noticia dentro como fuera del campo.
Sobre la segunda mitad de su carrera, definitivamente fue sujeto de titulares por lo que hacía lejos de los estadios y cerca de los bares. Una vez retirado, su vida se transformó en un carrusel de escándalos, detenciones, peleas y anécdotas propias de un vividor, impensables en quien fuera un deportista de alto rendimiento.
Sus historias son múltiples, extravagantes, divertidas, patéticas; todo lo que a uno se le puede ocurrir, Gascoigne lo hizo. Una vez pidió al zoológico de Londres que le prestaran una avestruz para llevarla al entrenamiento del Tottenham; la noche previa a jugar una semifinal en un Mundial, el entrenador Bobby Robson lo sorprendió jugando al tenis; en otra oportunidad se apropió del volante del autobús del equipo del Middlesbrough y terminó estrellándolo en un camino rural.
- Te podría interesar: El adiós de Hernán Clavito Godoy: así vivió sus últimos días
Hay otras anécdotas apenas publicables: le metió una serpiente en el bolsillo al jugador Roberto Di Matteo para hacerle una broma; a su llegada al aeropuerto de Roma, cuando fichó por la Lazio, contrató a 22 guardaespaldas, y en una ocasión, para molestar a su compañero Nayim, un musulmán abstemio, le puso alcohol a su vaso de té helado.

O aquella vez que se escapó a Disneyland París, previo a una exhibición contra Diego Maradona en Sevilla, y que consumió tanto alcohol en el vuelo que no podía correr en la dirección correcta. “Le comenté a Diego en el túnel: ‘Estoy mareado’. ‘No pasa nada, Gazza, yo también’, me respondió Diego”, recuerda Gascoigne.
Newcastle (1984-88), Tottenham (1988-92); Lazio (1992-95); Glasgow Rangers (1995-98); Middlesbrough (1998-2000); Everton (2000-02); Burnley (2002); Gansu Tianma de China (2003) y Boston United (2004-05), más 57 apariciones y 10 goles en la Selección absoluta, con una notable actuación en el Mundial de Italia ´90, fueron el eco de su trayectoria futbolística. De altos, cuando se dedicaba a jugar, y de profundos bajones, cuando andaba de juerga.
Cómo olvidar aquella lesión por jugar rugby. “Fue un partido a beneficio, yo estaba de medio scrum, y recién empezábamos, llevábamos cinco minutos de partido, era domingo y yo acababa de jugar con el Middlesbrough el sábado. Intenté eludir al rival, pero me bloqueó y me rompió tres costillas. Fui a entrenar el lunes y le dije a Brian Robson que era el técnico: ‘Creo que no voy a entrenar hoy, me rompí las costillas’. Él me dijo: ‘¿Cómo lo hiciste? No fue el sábado durante el partido’. Le conté lo que pasó y se puso furioso y me dejó fuera del partido siguiente... Pero de todas formas no podía jugar porque tenía las costillas rotas. ¡Estuve seis semanas en recuperación!”.

El duro presente de Gascoigne
Tras el retiro, su adicción al alcohol y las drogas se convirtió en algo inmanejable.
El episodio en que confundió a su hermano con un asesino en serie, casi lo mandan a la cárcel. Luego de consumir una dosis abundante de cocaína, creyó que su hermano era el homicida Raoul Moat, fugitivo después que en 2010 asesinó a un hombre, dejó ciego a un policía y a una mujer con riesgo vital. Gascoigne recuerda la noche en que apareció en Rothbury, Northumberland, localidad entonces de la mayor cacería humana de la historia británica moderna, gritando: ‘Moaty, soy Gazza. Te traje una caña de pescar y pollo frito’ ante los atónitos policías y reporteros.

Han pasado más de 20 años desde la última vez que vistió de corto profesionalmente. “He inhalado cocaína de los asientos del inodoro, he estado en más clubes nocturnos que clubes de fútbol. He tenido mi propia vida, para ser justos”, le dice a unas 200 personas que escuchan su relato.
Sí, porque hoy Paul Gascoigne se gana la vida dando charlas a quienes todavía, y no son pocos en Inglaterra, que quieren escuchar historias que leyeron o les contaron, pero esta vez de primera fuente.
“No tenía dinero de niño”, parte Gascoigne en uno de sus monólogos, “ahora tampoco tengo. Por eso organizo estos eventos para ustedes”. El exjugador lleva varios años en el circuito de las presentaciones personales, en bares o pequeñas salas. No más de dos centenares de personas asisten a cada evento, que pagan hasta 200 libras -casi 250 mil pesos- por estar en primera fila, cerca del ídolo con quien después tendrán la oportunidad de hacerle alguna pregunta, fotografiarse y pedirle autógrafos.
Los atribulados 57 años no han pasado sin que se le noten en el rostro. Alguien que llegó a tomarse cuatro botellas de whisky al día, no puede pretender que no se noten. “Si no fuera por ustedes que fueron a verme jugar al fútbol, no habría podido permitirme las vacaciones, los coches, las joyas... Hoy demasiados jugadores no respetan a los hinchas. A veces pienso que me gustaría jugar contra ellos y partirlos en dos. No soy como un maldito Gary Lineker, pensando que soy más grande que ustedes. Solo soy uno de ustedes. Todavía echo de menos los sábados... muchísimo”, les dice a sus fieles espectadores.
Sus tres hijos, Bianca (38), Mason (35) y Regan (29), se fueron a vivir con la madre -Sheryl- tras la ruptura del matrimonio en 1998. Los tres no ocupan el apellido Gascoigne, salvo una vez: cuando su hija mayor integró el reality Gran Hermano. Su pasado con Sheryl no es para enorgullecerse. El ex volante inglés reconoce que la golpeó sistemáticamente durante dos años, aunque lo que más parece lamentar fueron los dos millones de libras que le costó el divorcio.

Algo parecido ha ocurrido con su familia y amigos del fútbol, que debido a sus recaídas en el alcoholismo y la autodestrucción, fueron desapareciendo. Es al público que lo va a ver a quienes Gascoigne considera “como verdaderos amigos, no los veo como fans”.
El año pasado reveló que vivía en la habitación de invitados de su representante, Katie Davies, en Poole, una ciudad costera y puerto marítimo en la costa sur de Inglaterra. Luego, en un programa de Gary Lineker le confesó que arrendaba una propiedad cerca de la playa de Bournemouth, afirmando que su vida financiera estaba en mejoría.
Hace unas semanas informó que está preparando su segundo libro autobiográfico, que también podría convertirse en una miniserie de televisión, de cuatro a seis capítulos. Los cronistas dicen que los productores se pueden quedar cortos, que su encuentro cara a cara en Libia con Gadafi o cuando le rompió una guitarra a Richie Sambora, guitarrista de Bon Jovi, en una habitación de un hotel londinense, dan para un episodio unitario. Y que su vida fuera de las canchas, quizás hasta para una teleserie.