Por Patricio Erlandsen (@Pato_Erlandsen).
Un partido ganado y otro perdido. Ese es el saldo de Moises Villarroel al mando de Santiago Wanderers.
Futbolísticamente, es poco lo que se puede decir sobre uno de nuestros máximos referentes históricos, porque es poco el tiempo para evaluarlo.
Contra Unión San Felipe hubo actitud y se salió de la negativa racha que traíamos en casa. En Chillan, se perdió, aunque poco se puede analizar sin haber visto el partido.
Lo cierto es que vivimos el comienzo de un nuevo proceso, pero lamentablemente, no desde cero, sino que con una tremenda deuda de arrastre que dejó Nicolas Córdova.
Villarroel recibió un plantel mal confeccionado, golpeado anímicamente, confundido, y da la impresión que entregado al fracaso.
Por ello, la tarea de Moisés y Silvio Fernández tiene tintes de hazaña si es que se piensa en el objetivo de ascender. Personalmente, creo que este año, salvo un milagro, eso no pasará.
¿Pero es culpa de Villarroel si no subimos? Es evidente que no. ¿Como puede ser su responsabilidad si no armó el plantel? Soy de los que cree que lo único que se puede pedir, al menos hasta el final de la primera rueda es sumar lo que se pueda, y por supuesto, intentar recuperad la identidad y darle minutos a los jóvenes.
Mientras, habrá que pensar qué hacer con los desastres que dejó Córdova: Pinilla, Gomez, Riquelme, Cerezo, son algunos nombres que no tienen nada que hacer en Wanderers.
Pero en lo que más se debe pensar es en los objetivos deportivos de la S.A. ¿Hay alguno? Desde el momento en que bajamos a la B, nada se hizo bien. Mantener al DT fue una locura que seguiremos pagando. Aceptarle los refuerzos que pidió, otra más. Aún más grave fue haberle dado poderes plenipotenciarios a un entrenador soberbio y que poca capacidad mostró.
La actual directiva navega a la deriva. Pareciera sentirse cómoda en la B. Al menos, no muestra vergüenza de tener al club en la situación en que se encuentra: a dos puntos del colista.
Duele mucho ver lo que está pasando con un club al que parecieron haberle sacado el alma.
Pero los hinchas, los que siempre están, son los únicos que tienen el poder de cambiar el rumbo. ¿Cómo? Organizándose, pensando en modelos sustentables para recuperar al club, pero sin romanticismos.