Por Nicolás Muñoz (@mc_nico)
Les presento la columna que ningún hincha de la “U” quiere leer. Como se ha vuelto la tónica desde hace ya cinco años, dejamos escapar un Superclásico con Colo Colo. La previa era auspiciosa, con buen fútbol colectivo y un mejor presente local e internacional. Al frente, un archirrival a los tumbos, con un entrenador que renunció con elástico. Quizás sólo para encender la previa del partido más importante del fútbol chileno. Los primeros minutos fuimos una tromba. Si ganábamos 1-0 y ellos se llenaban de tarjetas amarillas -una que otra anaranjada- innecesarias. Ante 44 mil hinchas, el dominio era azul y, por contraparte, el descontrol era albo. ¿Qué pasó? Es lo que todos los que lucimos la U roja en el pecho nos preguntamos anoche sin poder encontrar el sueño. Cuando tienes al archirrival a tu merced, el primer pecado capital es asegurar la mínima ventaja. Pero les cedimos terreno, nos conformamos. Al punto que en un contragolpe a los 30 minutos nadie acompañó a Soteldo. El venezolano tomó las riendas del equipo y tuvo que tocar para el lado al ver que nadie quiso comenzar a cerrar el partido. Luego, las equivocaciones, los fantasmas y los problemas internos. Ellos, con su jerarquía, sólo necesitaron un par de llegadas para empatar y echar por tierra la ilusión de todos los azules en el Estadio Nacional. Como Romántico Viajero duele lo de Paredes, pero es impresionante. Sabe jugar estos partidos como varios azules necesitan. Se mueve y espera el momento preciso para anotar. Hasta prepara la celebración. Es él y 10 más. Como dijo el profesor Hoyos, ese 1-2 nos descontroló. A todos. Quienes estaban llamados a dar vuelta la situación –como tantas veces vimos en el pasado- no fueron capaces. Punto aparte para lo de Beausejour. Un tipo que jura amor por los colores, pero ante la adversidad se desquita con sus compañeros. Lo recuerdo riendo con Paredes en la previa de un partido en el Monumental y más rabia da. Es sólo una cuestión de actitud. Al igual que con Racing, no pudimos administrar una ventaja tempranera. Echar al equipo atrás puede resultar en algunos partidos, pero no es digno de equipo grande. Tampoco basta con rivales grandes, como el desafío que viene el jueves ante Cruzeiro. Sólo pedimos que jueguen como hinchas.